La semana pasada, Nicolás Fernández, arquero de Huracán de Pellegrini recibió insultos por su sexualidad durante un partido. Cabe señalar que Fernández fue el primer jugador argentino en declararse homosexual públicamente. La violencia comenzó dentro de la cancha por un jugador del equipo contrario, y si bien existió la mirada e intervención correcta por el árbitro quien expulsó al jugador, los insultos se multiplicaron por los hinchas que empezaron a hacer cantos homofóbicos. Hoy el INADI se pronunció al respecto y repudió la violencia sufrida por Fernández.
Si bien del hecho se pueden hacer muchas lecturas, el mismo no se trata de un caso aislado, si no de la representación de los patrones del fútbol masculino. El fútbol fue históricamente sinónimo de masculinidad, con todos los roles de género que le fueron impuestos a los hombres. A su vez, dichas normas asignadas al deporte se convirtieron en patrones excluyentes para las mujeres y las otredades, por lo que la violencia es el modo de rechazar los modelos que no coincidan con el fútbol masculino y heterosexual.
Al respecto, Modo Juana dialogó con el sociólogo Agustín Pérez Marchetta, quien trabaja con masculinidades y comentó que este caso es un hecho más de la cotidianidad en las canchas. Señaló que es necesario romper con la cultura machista y homo odiante, donde el fútbol es el espacio de mayor exposición de estas violencias que se reproducen a nivel generacional. Remarcó que estos actos impulsan la educación del terror, que busca reprimir a las otredades mediante el miedo. Sostuvo que el fútbol pregona el no: no mujer, no gay, no llanto, no sentimientos, entre otras normas.
Marchetta señaló que es fundamental el papel de los medios de comunicación, que muchas veces validan los discursos homo odiantes de manera disfrazada con «humor». Comentó que hay un trabajo largo y difícil para romper estos patrones de la masculinidad, pero que se debe trabajar principalmente en las infancias y en los semilleros. Destacó que por eso realizaron el proyecto PRIO en la cancha de San Martín, donde trabajaron con padres y entrenadores de jugadores pequeños sobre la importancia de bajar las expectativas en los niños. Señaló que muchas veces los niños cargan con las presiones de los adultos quienes les imponen cómo deben actuar en la cancha, conductas que implican violencia y discriminación, y por eso es urgente desarraigar las imposiciones heteronormativas en el fútbol.
Asimismo, resaltó que es menester que los clubes se sumen y trabajen en los modos de actuar y en el rechazo a la discriminación. Señaló que muchos lo hacen como «lavada de cara», subiendo una imagen en las redes sociales de inclusión, pero si no se trabaja en talleres que cuestionen la violencia del fútbol, la acción se reduce a una cuestión superficial que no va a generar una transformación social.
Por último indicó que los varones son educados para callar, para no exponer vulnerabilidades y que está es una de las causas por las cuales las tasas de suicidio son lideradas por hombres. Asimismo, recordó que la discriminación a la sexualidad es una de las razones de suicidio por lo que la reproducción de estos actos no es para nada ingenua.