Hace casi una década que voy a las marchas del Orgullo en Salta y nunca vi lo de ayer. Aunque tampoco el último año que el anterior y el anterior que el anterior. No me refiero solo a “cantidad de cuadras”, que es lo que siempre buscamos saber en periodismo.
Quién escribe esto es alguien que a pesar de poder ser cercana a la Comunidad LBTIQ+, es solo una ignorante espectadora que acompaña. Estos años fui a las marchas, siempre medio de costado, intentando aprender, por ejemplo, sobre a quienes representa cada bandera….aunque confieso que aún puedo confundir los colores.
Lo que nunca confundí es a quienes bancaban los trapos desde sus inicios: las travestis, las abanderadas de las marchas. Fueron las primeras en mostrarse por la San Martín, a plena tarde y a la vista de todxs, con sus brillos y estilo provocador, y hasta feroz,- como no serlo si tienen un promedio de vida de 35 años. Entaconadas cruzaban el centro de la ciudad , con la mirada fija y ajenas a cualquier mirada juiciosa que se les clavara. Algunos años fueron tan solo un puñado. “No voy porque no me representan”, escuchaba a amistades decirme por entonces.
A las travestis, a las que sometemos al “sexilio” y entonces tienen que huir con apenas unos años a prostituirse al centro del país; a ellas se les debe que la otrora marcha de “marginales” hoy se parezca más a una “familiar”.
Hace años se fueron sumando nuevas banderas, una de las “más nuevitas” es la de los varones y las infancias trans. Ayer también se vieron a padres y madres que les sacaban fotos a sus hijxs montadxs con redes, plumas, cuero o expresándose con
sus carteles. También se la vio, para alegría de todxs, a Camila Spears.
Mientras nos gobierna el odio, ayer se envió un mensaje de amor, y en red.❤️🧡💛💚💙💜
Texto: Silvia Noviasky